17/03/2026
Mirando pasar a gente que derrota sobre las paredes de esa ciudad que se convierte en suya, con sus ropajes de pobres encumbrados a esas élites que de las emociones hacen gobiernos. Sin nada que poseer, sin nada que compartir, sin nada que adorar, sin nada que vivir. Pero siempre vigilante como de ciencias ocultas, y con puntos y aparte, con palabras que no aportan conocimiento. Aquí el sexo de mujer nacido mujer con sus comunicaciones con los espíritus de otros siglos, con la rebusca que siempre encuentra trabajos abandonados en los cajones de la melancolía. Solo la nada se puede comparar con la alegría que se experimenta al descubrir entre el recuerdo las frases de esa historia que los mayores siempre repiten en silencio durante las tardes del invierno. Y el mantra sanador de lo cotidiano con sus sueños lujuriosos que le roban descanso a la noche para decir a quien se pare a charlar con él sobre sus aventuras en el destierro de las ideas.
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