26/03/2026
Pues que decir de los usurpadores de lo cotidiano, con el mantra sanador a la cabeza, y que decir de sus instantes de paternalismo lógico que se desviste de lo eternamente saludable para convertirse en el engranaje toxico que gobierna las necesidades de la masa engullidora. En esta sociedad que se dedica a señalar al primero que pasa hasta que se le desnuda íntegramente de sus ideas, y celebra satisfecha esa realidad que nunca será objeto de una critica constructiva. En esta guerra continuada desde los inicios de la creación que esta manteniendo con vida la narrativa del conflicto como única forma de progreso acelerado. Los derechos a coste cero y las paguitas para socializar en nombre de una perfecta armonía de realización personal que nunca son suficientes y que piden un mañana para seguir conspirando contra la intimidad ajena. Dar una vuelta de tuerca al tejido comercial envuelto en una abundancia que mendiga una aventura unipersonal para satisfacer la mirada reflejada en el espejo del superyó. Mientras en las cloacas de la locura, los inocentes se preparan en los salones del reino para ser sacrificados en nombre de la memoria colectiva que se afianza en su doctrina del verticalismo servil, donde los principios de valor se dejan aparcados en la zona de lo políticamente correcto y esperan tiempos en los que ya no hay solución para los radicalismos de esa lucha por la supervivencia.
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