25/03/2026
Nada a de
sorprenderme en este momento de mi vida, cuando siempre ando eligiendo el mejor
espectro posible para ser diagnosticado de locura. Y yo me pregunto si todo
aquel que se atreve a lanzar su veredicto no es por adelantarse a su propia
reflexión de despropósito personal, que justifica con una economía de carácter mediocre
y un pasado mostrado a todas luces para escarnio propio. Levantar la mano hacia
el cielo y gritar desconsoladamente su conclusión vital para seguir divirtiendo
al sexo de mujer nacido mujer que sin responder al silencio se enmarca en
constantes de una lógica descremallerada. Porque los inciertos de la realidad
se diluyen entre la gente, masa social que espera que su patrimonio no sea dilapidado
por el maleante sin bandera, y que no duerma sin su dosis de química adulta. Esta
sociedad que arremete contra las palabras no dichas y se esfuerza en calificar
de descerebrado a cuántos se encuentra en su camino, por principio natural y a
base de componer círculos cerrados que intuyen la lectura alquímica de su zona
de confort y nada más. Continuamos diciendo que nunca acaba la persecución
del desprecio y siempre descansa cuando la noche se hace en el consciente
colectivo.
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