03/02/2026

Para escribir verdad, debo de confesar que la emoción me sobrepasa. Y reconocer que los estímulos me lanzan al caos es el primer paso para poner pies en polvorosa en cuanto a las fragancias de uso cotidiano en un barrio nefasto de una urbe castellana de hoy en día. Los remedios para tanta encarnación sublime en cuerpo ajeno son escasos, y es más, casi ninguno surte el efecto necesario. La carencia y la armonía del hecho relacional que lleva años de intercambios de fluidos puede ser contraproducente y sobre todo antiestético. La fiesta se fiscaliza en cuanto a los sentidos del ciudadano medio y a medida que se establecen los vínculos, cualquier variación puede resultar del todo dañina y si no que se lo pregunten al sexo de mujer nacido mujer y sus gracejas por continuar con el espectro escatologico por principio de identidad. El deseo y sus noches en vela vuelven a tomar el control del discurso que se hace circular por los mentideros de la indiferencia que acumula conocimiento en formato curricular. Tanta palabreja que se escapa de este temeroso personaje que tras la pantalla intenta describir a la otredad en su más sentido panorama de proyecciones de las necesidades de la conducta humana. Y así ha empezado el día…


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