22/01/2026

Cuantas cosas pasan en el mundo en unas pocas milésimas de segundo y sin pensarlo nos hemos introducido en una era cuántica de la que ya no hay vuelta atrás. Adjetivo tras adjetivo las evidencias se alejan de la realidad que los cerebritos nos están construyendo paso a paso pero sin desfallecer, y después diremos que la ciencia no avanza, que los años parece que no cambian y que vivimos como hace cincuenta años atrás. Demasiadas referencias con el pasado, demasiada desconexión de la actualidad científica y muy poco de vida del siglo XXI. El mantra sanador de lo cotidiano sigue invocando a la triada eclesiástica y al demonio de las cavernas, o al revés, que nadie se hace demasiadas preguntas sobre el tema y al final todos convertimos las palabras en hechos sublimes y cercanas a la crispación que nos ofrece el sexo de mujer nacido mujer en el universo de lo desconocido. Solo los perturbados de los vecinos se complican la existencia buscando la esencia de la vida en un mundo de geopolíticas de bofetón y tente tieso que nos retrotrae a la era de las cavernas o más allá. Sin asumir responsabilidades y con el miedo escondido entre los pantalones de la otredad.


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