15/01/2026

Mirando desde la distancia y sin perder ni un ápice de los recuerdos, me escribo a mi mismo sobre este tablón de tonterías, para hacer constancia de los instantes de dolor entre referentes de unas voces injustificadas. Y son parlenderas de por sí, son desajustadas, son preguntonas y sobre la mesa se comportan como masa engullidora que descalifica el fiel reflejo de la otredad. El mantra sanador de lo cotidiano ocupa un tiempo que se podía entender como de ser irreal pero razonablemente cercano. Sin derechos a sentimentalismos y con la soberbia de aquellos que se apegan al primero que pasa y luego van pasando hasta toparse con alguien que no se lo permiten. Sin lugar a dudas interviene el miedo a la violencia, a la pose de machito indocumentado, al ambiente de sumisión que se palpa en la base de la comunidad y a las necesidades cubiertas por papa estado. Saber de constantes e indicadores fiables para tener certezas en un mundo de ruido y nada respetuoso que adolece de estímulos para adormecer al juego de las canicas y de estampitas de colección. Trucos de infancia feliz y de discursos a sangre y fuego que no trae valor añadido.


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