13/01/2026
Con un retraso debido a la falta de respeto de la otredad, me dispongo a escribir sobre el estado de las cosas. Y como tal señorito que es uno, debo de escribir sin faltas de ortografía, con una perfecta acentuación y lo que es más difícil, con un sentido nada incierto de lo que interesa. Osea que seguiré con mis tonterías que son lo que más fácil y recurrente me llega desde el confín de la consciencia colectiva. Allí en lo alto del Singerlim esperan cada mañana de mis locuras y desvaríos para apaciguar un poco la tensión social que se vive a cualquier distancia del horizonte infinito y más allá. Los miembros de la cuadrilla de los horrores se distancia aún más, si cabe, de lo correcto y acertado. Imponer mis puntos de vista nunca ha sido una prioridad vital y en estos días que se aproximan al final del invierno, lo más coherente es flirtear con cualquiera, sin distinción de ideologías, ni dogmatismos. La convivencia pacífica y entrañable es un propósito que me llega desde los rincones de la inteligencia y que deseo compartir con los demás ciudadanos del mundo. Para llevarme la contraria está el sexo de mujer nacido mujer y el mantra sanador de lo cotidiano, entregados a la enfermedad de la belleza y de la armonía, y como la mejor, y de otra manera imposible, de las escenas proyectadas, yo me ofrezco para mediar en el geoestacionario espectro de la socialización.
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