11/11/2025 

La muerte a la vieja ultranza ha llamado a mi puerta, y ha dejado su impronta por las paredes de mi palacio de invierno. Todos saben lo que ha pasado, todos son testigos del acoso sometido a la masa engullidora de la que soy oidor incansable. Todos se callan para no entrar en polémica, para no ser más que nadie y así poder disfrutar de la felicidad a la que solo se llega callando y otorgando. Todos sabedores del proceso de exclusión social se enredan en el discurso del como los demás y en el ande yo caliente ríase la gente, todos se convierten en cómplices necesarios de un mecanismo de ingeniería en la que hay intereses de los que nadie puede escapar. El sexo de mujer nacido mujer mantiene el poder ocupado con galimatías y entelequias dejando al mantra sanador de lo cotidiano el sentido común y los objetivos a perseguir. Sin límites ni zarandajas.

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