28/10/2025
Ahora
cuando ya no hay nadie escuchando, entre molestias e interjecciones, recuerdo
un sueño de alto voltaje. Un sueño que nos relacionaba con una masa observadora
de lideres descorazonadoramente pendientes del ocultismo más aterrador. Donde
herejes, paganos, brujas y hechiceros se mezclaban en un caldero gigantesco que
después de su lenta cocción facilitaba un ungüento que era mano de santo para
cicatrices mal curadas y grietas cerebrales que habían sido la carne de cultivo
de acontecimientos tachados de atentados contra la humanidad. El sexo de mujer
nacido mujer se repetía incansablemente ante el espejo que nunca había
entendido el porque de tanta mediocridad y el mantra sanador de lo cotidiano
por su parte se indignaba ante la carencia de identidad de las generaciones más
jóvenes. Y ahora sigue sin haber nadie.
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